Sobre conocer

El conocimiento no existe independientemente de nuestra relación con los objetos que nos rodean. El conocimiento implica el acto de conocer, una acción que está vinculada al “Yo”. Conocemos en relación a los objetos conocidos y en relación al conocimiento social previo que nos otorga un marco de significación desde el cual no estar “desnudos” frente a la Realidad.

No es posible conocer fuera del objeto conocido, en tanto que, cuando conocemos nos ponemos en relación con el objeto y por ello lo conocemos. Esta imposibilidad paradójica hace que tan solo podamos conocer los objetos que conocemos, los que nos son familiares y con los que interactuamos de una forma consciente. Siendo incapaces de conocer fuera de los objetos que conocemos. ¿Cómo podríamos siquiera pensar en algo que no nos es conocido? Nos es mucho más amable pensar en torno a lo conocido, relegando lo desconocido a la inexistencia.

El conocimiento, por tanto, no existe independientemente de nuestra disposición o nuestra relación con el objeto conocido, sino que es una función de este. El conocimiento está sujeto a la oposición objeto conocido y objeto desconocido. Solo podemos conocer si hay algo que desconocemos. Cuando actuamos en la Realidad tan solo en relación a los objetos conocidos estamos relegando a la inexistencia los objetos desconocidos, puesto que interpretamos, analizamos y actuamos tan solo sobre esos objetos que nos son familiares. La falsa sensación de control y raciocinio nos hace creer que podemos relacionarnos con nuestro entorno de manera segura porque conocemos los objetos. Cuando desconocemos los objetos añadimos características propias de los objetos desconocidos a objetos conocidos por tal de dar cierto sentido a nuestra acción sobre la Realidad. Desde esta perspectiva, cuanto más conocemos más nos alejamos de la comprensión de la Realidad. Nos privamos de la comprensión de los objetos conocidos transformándolos, alterándolos y modificándolos a la vez que nos privamos de la existencia de aquello que desconocemos.

Al conocer un objeto lo transformamos en algo conocido, ya no es un objeto que se presenta ante nosotros de una manera aleatoria, sino que el objeto adquiere las características que previamente le hemos asignado. Haciendo que deje de ser el objeto para convertirse en la suma acumulativa de unas características que, a pesar de ser ajenas al objeto, nosotros le otorgamos. Conocer, entonces, es un acto transformador. Cuando conocemos estamos transformando la realidad en los objetos que conocemos. Puesto que es imposible conocer lo desconocido, lo relegamos a la inexistencia y explicamos todos los procesos y situaciones que rodean nuestra actividad desde lo conocido, en muchas ocasiones otorgando características inexistentes a objetos que conocemos. Esta necesidad de control, afán de conocimiento es inherente al ser humano y a su capacidad de raciocinio.

Aun así, el ser humano debe conocer para poder relacionarse con la Realidad. El conocimiento es aquello que nos permite vivir, relacionarnos y actuar en consecuencia. No existe un conocimiento mejor o un conocimiento peor. El conocimiento está ligado a la temporalidad. Puesto que el conocimiento tan solo es la relación del ser humano con la Realidad que le rodea. Desde esta perspectiva Realidad y conocimiento están intrínsecamente vinculadas. La Realidad depende del conocimiento de esta y viceversa. Ninguno de los dos conceptos se puede tratar en términos absolutos, sino en términos relativos. La Realidad de un granjero en el siglo XVI está estrechamente ligada con su conocimiento y no tiene por qué ser en ningún caso mejor o peor que el conocimiento de un astrofísico del siglo XXI, puesto que las realidades de estas dos personas son distintas, el conocimiento de ambos tan solo guarda relación con su Realidad. El conocimiento tiene una característica de utilidad para el que lo ostenta. ¿De qué le serviría al granjero del siglo XVI tener conocimientos de astrofísica? (Véase Alfred Schütz- ejemplo meteorólogo e indio danza de la lluvia).

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